Third Sunday of Lent, Year A-2020

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Heed Everything that Jesus Tells Us

Jesus speaks with us and tells us everything. He fills those who, hungry and thirsty for a full life, heed everything that he tells them.

The Samaritan woman does not expect Jesus to ask her for a drink or heed her words. But Jesus does both. For he does not look down on women or avoid Samaritans, even though Jews brand them as half-pagans. Rather, he bridges the gap between men and women. Moreover, he tears down walls of hatred; he is peace (Eph 2, 14-16).

And Jesus starts out from what he and the Samaritan woman have in common, namely, the need for water. Never mind that Jews and Samaritans do not share utensils. What matters is that they both get thirsty. And such thirst, he suggests, points to a longing that not even several husbands can fill. Jesus alone gives the water that ends all thirst: “Whoever drinks the water I shall give will never thirst.”

Another thing that Jesus and the Samaritan woman have in common is their worship. They differ, surely, in the way that they worship and understand what they worship. But Jesus, quick to address and heed her concern, says that difference in worship is no longer an issue. For he brings in a new worship, the worship of the Father in Spirit and truth. We do not have to go to either Jerusalem or Gerizim to worship. We can worship anywhere.

How to worship the Father and heed his words matters.

Worshiping in Spirit and truth means, first of all, acknowledging that we worship and pray to our Father in heaven. We worship and call on Someone who is close us and cares for us. And what he has in mind is but the best for us. He is also kind, merciful and forgiving slow to anger and not always rebuking (Ps 103).

Needless to say, he is Father, too, to all human beings. So, he also wishes all our brothers and sisters the best. That is why he seeks justice for the oppressed—the poor, the widows, orphans and strangers. To heed him, then, is to seek his kingdom and his righteousness. And this means making the world better for everyone. In this kind of world, the hungry and thirsty for justice, love and peace for all, get their fill.

And it also means they heed Paul. Heeding Jesus, Paul comes to understand that there is neither Jew or Greek, nor male and female (Gal 3, 28). In a way, too, they heed the teaching that we should help the poor spiritually, materially and in every way (SV.EN XII:77).

Lord Jesus Christ, proof of the Father’s love, your food is to do his will. Make us heed your words and do everything you tell us. In that way, we will be in communion with you, do the Father’s will, and so have our fill.


15 March 2020

Third Sunday of Lent (A)

Ex 17, 3-7; Rom 5, 1-2. 5-8; Jn 4, 5-42


VERSIÓN ESPAÑOLA

Atentos a todo lo que nos dice Jesús

Jesús habla con nosotros y nos lo dice todo. Sacia a los que, hambrientos y sedientos de vida plena, están atentos a todo lo que él les dice.

La mujer samaritana no espera que Jesús le pida de beber y la atienda. Pero él la sorprende. No se comporta como sus compatriotas que no se muestran atentos a los samaritanos, a quienes toman por semipaganos. No desprecia a las mujeres ni a los samaritanos. Reconcilia, más bien, a hombres y mujeres. Y derriba el muro de enemistad entre pueblos; él es su paz (Ef 2, 14-16).

Y se sirve Jesús de lo que él y la samaritana tienen en común, es decir, la necesidad que tienen del agua. No importa que jos judíos y los samaritanos no compartan utensilios. Basta con tener sed él y ella. E indica él que la sed descubre un anhelo que ni múltiples maridos sacian. Solo Jesús da el agua que quita la sed: «El que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed».

Una cosa más que tienen en común Jesús y la samaritana es el culto. Indudablemente, no del mismo modo lo practican y le conocen al que adoran. Pero aclara Jesús que se resuelve el conflicto entre los judíos y los samaritanos. Pues introduce él un nuevo culto en Espíritu y verdad. Ya no es necesario ir a Jerusalén o a Garizín para estar atentos a Dios y darle culto. Esto lo podemos hacer dondequiera.

Lo que cuenta es cómo adorar nosotros a Dios y estar atentos a él.

La adoración en Espíritu y verdad significa, ante todo, reconocer que adoramos y oramos a nuestro Padre celestial. Adoramos e invocamos al que está cerca y se preocupa de nosotros. Solo desea él lo mejor para nosotros. Es compasivo, misericordioso, lento a la ira y no siempre está acusando (Sal 103).

De más está decir que es Padre también de todos los hombres. Así que desea lo mejor para los demás. Por eso, hace justicia a los oprimidos, los pobres, viudas, huérfanos y forasteros. Entonces, estar atentos nosotros a él es buscar su reino y su justicia. Y esto quiere decir procurar un mundo mejor para todos. En dicho mundo, se sacian los hambrientos y sedientos de justicia, amor y paz para todos.

Y esto significa también que los saciados están atentos a Pablo. Atento a Jesús, el Apóstol llega a entender que ya no hay judío ni griego, no hay hombre ni mujer (Gál 3, 28). En cierto modo, están atentos además a la exhortación de que asistamos a los pobres de todas las maneras, en sus necesidades espirituales y temporales (SV.ES XI:393).

Señor Jesucristo, prueba del amor del Padre, tu alimento es hacer su voluntad del Padre. Haz que estemos atentos a tus palabras y hagamos todo lo que nos dices. Así entraremos en comunión contigo, haremos la voluntad del Padre y quedaremos saciados.


15 Marzo 2020

Domingo 3º de Cuaresma (A)

Éx 17, 3-7; Rom 5, 1-2. 5-8; Jn 4, 5-42