Third Sunday of Advent, Year A-2016

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Darkness and black clouds that are menacing

Jesus is the great light that shines on those who dwell in darkness.

John is “under pressure.” Although relatively young, he feels death is lurking in the darkness. The executioner can come any time to take the prisoner away.

And the darkness of prison and impending death leads perhaps to doubts. Is Jesus the true Messiah who comes with vindication and baptizes with the Holy Spirit and fire? Why, then, does he not free his Crier? Moreover, why does he not shatter those who imprison prophets?

It is possible, of course, that asking these questions are the disciples of John. Are they not like those who ask Pope Francis to resolve their doubts? In any case, both groups find bothersome the darkness of uncertainty and confusion.

Jesus, however, does not answer “yes” or “no.” He simply refers them to his works of mercy. If they look at them from the point of view of Isaiah’s prophecy, they will see them as signs of the presence of the kingdom. But if their starting-point is popular expectation, they will take offense at Jesus. That is because Jesus is not the awaited wrathful liberator who will save the righteous and burn the wicked.

Changing our expectations and imitating Jesus, we pass from darkness to light.

Not rarely, false expectations lead to disappointment. Change is necessary. And Mary teaches us what this means basically. After hearing that nothing is impossible for God, she passes from, “How can this be …?” to, “May it be done to me according to your word.”

Having such faith, we can accept that God may well make roses bloom on Tepeyac in the dead of winter. This Marian faith in almighty God, who turns everything upside-down, makes us recognize the true Messiah. He is Jesus, poor and humble, who heals and proclaims the good news to the poor. In the kingdom that he announces, the great people are the little ones. Nobility there means being of low-birth. No wonder, then, that Jesus adds that the least in the kingdom is greater than John.

And to be the least is to do as the Teacher and Master who washes the feet of his disciples. Unless we follow his example of service, hardship and patience, we may end up like Judas. He is not clean, though Jesus washes his feet. He receives a morsel of bread, still he goes out into the darkness.

In the darkness of insecurities, lies, duplicity and prejudices, we should do as Vincent de Paul. He visits the sick and vows to spend the rest of his life in the service of the poor. As a result, he passes from the darkness of doubts to the light of faith (Jacques Delarue).

Lord, make us cast off the works of darkness.


11 December 2016

3rd Sunday Advent (A)

Is 35, 1-6a. 10; Jas 5, 7-10; Mt 11, 2-11


VERSIÓN ESPAÑOLA

Tinieblas y nubarrones amenazantes

Jesús es la luz grande que ilumina a los que viven en tinieblas.

«Bajo presión» está Juan. Aunque relativamente joven, igual siente que la muerte acecha en las tinieblas. A cualquier hora puede venir el verdugo a llevar al prisionero.

Y las tinieblas de la cárcel y la muerte inminente quizás llevan a las dudas. ¿Es Jesús el verdadero Mesías que trae el desquite y bautiza con Espíritu Santo y fuego? Entonces, ¿por qué no libera a su Pregonero? ¿Por qué no desabarata además a los que encarcelan a los profetas?

Es posible, claro, que estas preguntas sean de los discípulos de Juan. ¿No son como aquellos que piden al Papa Francisco que clarifique dudas? En cualquier caso, unos que otros hallan molestas las tinieblas de incertidumbre y confusión.

Jesús, sin embargo, no les responde con un sí o un no. Les refiere simplemente a las obras de misericordia que va realizando. Si ellos las miran desde la profecía de Isaías, las verán como señales de la presencia del reino. Pero si su punto de partida es la expectativa popular, se escandalizarán de Jesús. Es que él no es el esperado libertador airado que salve a los justos y queme a los malvados.

Cambiando de expectativas e imitando a Jesús, pasamos de las tinieblas a la luz.

No rara vez, nos sentimos defraudados debido a falsas expectativas. Necesitamos cambiar. Y nos enseña María qué significa esto fundamentalmente. Luego de oír que nada es imposible para Dios, ella pasa de: «¿Cómo será eso …?» a: «Hágase en mí según tu palabra».

Esa clase de fe nos hace capaces de aceptar que posiblemente Dios haga brotar rosas en Tepeyac en pleno invierno. Esa fe mariana en Dios todopoderoso, que lo voltea todo boca abajo, nos hace reconocer al verdadero Mesías. Él es Jesús pobre y humilde que sana y evangeliza a los pobres. Y en el reino anunciado por él, los grandes son los pequeños; los aristócratas, la gente baja. No extraña, pues, que añada Jesús que el más pequeño en el reino es más grande que Juan.

Y ser el más pequeño es hacer lo que el Maestro y Señor que les lava los pies a sus discípulos. No sea que sigamos su ejemplo de servicio, sufrimiento y paciencia, quizás acabaremos como Judas. Permanece sucio aunque Jesús le lava los pies. Recibe un trozo de pan, igual traiciona a Jesús y sale a las tinieblas.

En medio de las tinieblas de inseguridades, mentiras, duplicidades y prejuicios, nos toca hacer como Vicente de Paúl. Éste visita a los enfermos y se compromete a dedicar el resto de su vida al servicio de los pobres. Y como resultado, pasa él de las tinieblas de dudas a la luz de la fe (Jacques Delarue).

Haz, Señor, que nos desnudemos de las obras de las tinieblas.


11 Diciembre 2016

Domingo 3º Adviento (A)

Is 35, 1-6a. 10; Stg 5, 7-10; Mt 11, 2-11