Presentation of the Lord 2020

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Meeting between Jesus and His People

Jesus is the fullness of revelation. Meeting him, we meet God. We also meet ourselves, for he lays bare the thoughts of our hearts. But we must welcome him first.

The presentation of Jesus in the temple means the meeting of God’s Anointed with his people. And his coming to the temple shows who receive him and who do not.

The priests show no interest in meeting Jesus. They are caught up in performing rites, in doing their thing. And they find fulfillment in what they are and do, and in the power and privilege that come with it. What else is there, then, to look and hope for? So, they hardly notice him among the many temple-goers. He is even less noticeable since his parents only offer a pair of turtledoves.

The scribes and the Pharisees do not welcome either the desire of the people. They like studying the law in depth, and teaching it, more than meeting and holding babies. Earlier, they and the chief priests let Herod know the birthplace of the Messiah, but did they go to find him? They did not lift a finger then; they have no reason to look for him now.

Only Simeon and Anna see Jesus as the Messiah. Both have grown old waiting for the hope, consolation and liberation of Israel. They are among the poor of Yahweh, people of simple faith (see also SV.EN XI:190; SV.EN XII:142). God gives them the knowledge that God hides from the wise and the self-satisfied. And they are righteous and devout, and they live by the Spirit of God.

Meeting Jesus makes us know ourselves better.

We Christians, of course, would like to think that we are on the side of Simeon and Anna. But are we really? To know our true selves, we turn to Jesus, for he shows us the thoughts of our hearts.

Standing before him, we find out if we are as self-emptying as the one who is like us in in every way but sin. Or if we are only about ourselves and our own interests. Are we as welcoming of others as he is, even of the stray? Do we care for those he cares for, for the least of his brothers and sisters? And, particularly today, for the children and the immigrants? Staring at us, he brings to light the contradictions, lies, dark thoughts and prejudices that hide in our hearts.

And we should look carefully into ourselves before eating of his bread and drinking of his cup (1 Cor 11, 17-33). For if we eat and drink without discerning the body, we eat and drink judgment.

Lord Jesus, who can stand at your appearance and meeting with us? But with you is forgiveness. Refine and make us clean so that we may offer pleasing sacrifice.


2 February 2020

Presentation of the Lord

Mal 3, 1-4; Heb 2, 14-18; Lk 2, 22-40


VERSIÓN ESPAÑOLA

Encuentro entre Jesús y su pueblo

Jesús es la plenitud de la revelación. Nuestro encuentro con él es encuentro con Dios. Y también con nosotros mismos, pues manifiesta él los pensamientos de nuestros corazones. Pero primero tenemos que acogerle.

La presentación de Jesús en el templo significa el encuentro del Ungido de Dios con su pueblo. Y su llegada descubre quiénes le reciben y quiénes no.

El encuentro con Jesús no les interesa a los sacerdotes. Están absorbidos en celebrar sus ritos, en hacer lo suyo. Y encuentran satisfacción en su estado y ocupación, y en el poder y el privilegio que resultan de su estado y ocupación. Para ellos, entonces, está de más buscar algo en que poner la esperanza. Por lo que les toca, pues, a los sacerdotes, pasa inadvertido Jesús entre la multitud que acude al templo. Y aún más inadvertido queda porque sus padres solo traen como oblación un par de tórtolas.

Los escribas y los fariseos no acogen tampoco al buscado por el pueblo. Prefieren su estudio profundo y su enseñanza de la ley al encuentro con los bebés y la toma de éstos en brazos. Anteriormente, junto con los sumos sacerdotes, enteraron a Herodes del lugar de nacimiento del Mesías, pero, ¿fueron ellos a buscarle? En ese tiempo, no movieron un dedo; no tienen razón para buscarle ahora.

Solo Simeón y Ana reconocen al Mesías. Se han envejecido aguardando la esperanza, el consuelo y la liberación de Israel. Se incluyen entre los pobres de Yahvé, gente de fe sencilla (véase también SV.ES XI:120, 462). Dios les revela el conocimiento que él esconde a los sabios y satisfechos. Son justos y piadosos Simeón y Ana, y viven guiados por el Espíritu de Dios.

Por nuestro encuentro con Jesús, nos conocemos mejor a nosotros mismos.

A los cristianos, por supuesto, nos gusta creer que estamos de lado de Simeón y Ana. Pero, ¿estamos realmente de su lado? Acudimos, entonces, a Jesús para conocernos de verdad a nosotros mismos, pues manifiesta él los pensamientos de nuestros corazones.

Ante Jesús, descubriremos si somos tan abnegados como el que se parece a nosotros en todo menos en el pecado. O si solo nos preocupamos de nosotros mismos, encerrados en nuestros intereses. Al igual que Jesús, ¿acogemos nosotros a los demás, incluso a los desviados? ¿Atendemos a los atendidos por él, a sus más pequeños hermanos y hermanas, en particular hoy en día, a los niños e inmigrantes? Fijándose en nosotros, Jesús saca a luz las contradicciones, mentiras, los malos pensamientos y prejuicios escondidos en nuestros corazones.

Y debemos examinarnos a nosotros mismos antes de comer su pan y beber de su cáliz (1 Cor 11, 17-33). Porque si comemos y bebemos sin discernir el cuerpo, comeremos y beberemos nuestra propia condena.

Señor Jesús, ¿quién se mantendrá en pie el día de tu llegada y tu encuentro con nosotros? Pero de ti procede el perdón. Refínanos y acrisólanos para que sea justa nuestra oblación.


2 Febrero 2020

Presentación del Señor

Mal 3, 1-4; Heb 2, 14-18; Lc 2, 22-40