Palm Sunday, Year C-2022

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Palms of Martyrdom, of Witness

Jesus is the faithful witness and the King of martyrs. To welcome him means to follow him to the end with palms in our hands.

Of the four gospel writers, only John mentions palms. Matthew and Mark speak only of “branches.” Luke, for his part, says nothing at all about branches. Could it be that he would not associate Jesus with what might smack of rebellion, nationalism (see 2 Mac 10, 7)?

But Luke shares with Matthew and Mark the thing about cloaks, which serve as saddle and as “red carpet” of sorts. And the three, with John too, send us back to Ps 118. The psalm says, in part, “Blessed is he who comes in the name of the Lord. …. Join in procession with boughs up to the horns of the altar.”

Luke, though, inserts ‘king’. Hence, the change makes the greeting to read, “Blessed is the king who comes in the name of the Lord.”

Some of the Pharisees do not like it. It is not good enough for them that the one who comes is not hailed with palms and branches. So, they ask the Teacher to scold his disciples.

And he replies that if the disciples keep quiet, the stones will cry out. That is to say, he hints that simple folks, and lifeless things too, know how to read the signs of the times. They know, better than the wise who want others to hold back their feelings, who it is that comes. He is the anointed King, the light of the nations and the glory of Israel. He only has to say, “The Lord needs it,” and they give it to him, their chief.

To follow the King and Messiah in procession with branches and palms.

Yes, the meaning of what is taking place is lost on the leaders who have settled down in Jerusalem. That is why, a little later, Jesus will weep for the city.

But the disciples do not wholly get it either. In fact, they do not understand Jesus when he predicts his death and rising. Or they do not to hear or do not understand at all. They do not grasp that the palms also mean palms of witness, martyrdom. Not just palms of triumph.

So, it comes as no surprise that two of them will later leave Jerusalem to get away from disappointment. They are confused and disillusioned.

But can we ourselves make sense of Jesus’ death on the cross? Do we not take it as what a bully of a Father demands? Do we not think he wants his Son’s precious blood to appease his wrath?

But the truth is God is love. Hence, his trait is mercy (SV.EN XI:328), not sadism.

No, God does not wish evil for those he loves, for his very dear Son, least of all. To blame for the cross are those who turn down Jesus. Those who are against the reign of justice, truth and care for all.

And to follow Jesus’ way of love, in simplicity, humility, meekness, mortification, zeal, means to suffer persecutions.

So then, Jesus on the cross shows us what it means to love like God, to empty ourselves and to serve in love to the end. He wants us to change so that we may live, not die.

Lord Jesus, make us live your Supper. We will thus be faithful witnesses to the light and the truth; we will grow like a palm-tree whose palms do not dry up.'


10 April 2022

Palm Sunday (C)

Lk 19, 28-40; Is 50, 4-7; Phil 2, 6-11; Lk 22, 14 – 23, 56


VERSIÓN ESPAÑOLA

Palmas del Martirio, del Testimonio

Jesús es el testigo fiel y el Rey de los mártires. Acogerle quiere decir seguirle hasta el extremo con palmas en la mano.

De los cuatro evangelistas, solo Juan hace mención de ramos de palmas. Mateo y Marcos solo hablan de «ramas de los árboles». Lucas, por su parte, dice nada de ramas. ¿Se debería esto a que no quisiese él asociar nada revolucionario ni nacionalista con Jesús (véase 2 Mac 10, 7)?

Pero Lucas tiene en común con Mateo y Marcos lo de los mantos con los que se apareja el borrico. Con ellos también se alfombra el camino. Y los tres, junto con Juan, nos remite al Sal 118. En parte, dice el salmo: «Bendito el que viene en nombre del Señor …. Ordenad una procesión con ramos hasta los ángulos del altar».

Lucas, sin embargo, inserta la palabra «rey». Dice, por lo tanto, la aclamación: «Bendito el rey que viene en nombre del Señor».

Ella no les gusta a algunos fariseos. No se contentan con que no se le salude al que viene entre palmas y ramas de árboles. Piden además al Maestro que los reprenda a sus discípulos.

Y él replica que si éstos se callan, gritarán las piedras. Es decir, da entender que los sencillos, y aun las cosas que no tienen vida o ánimo, saben leer los signos de los tiempos. Lo conocen, mejor que los sabios que quieren que los demás repriman los propios sentimientos, quién es el que viene. Él es el Rey ungido, la luz de las naciones y la gloria de Israel. Le basta con decir: «El Señor lo necesita», para que a él, al jefe, se lo dé.

Seguir al Rey y Mesías en procesión con ramos y palmas

A los líderes instalados en Jerusalén, sí, se les escapa el sentido de lo que pasa. Es por eso que un poco más tarde habrá llanto sobre Jerusalén por parte de Jesús.

Pero no del todo comprenden tampoco los discípulos. De hecho, les cuesta entender las predicciones de la muerte y la resurreción de Jesús. O no oyen o no entienden nada. No captan que las palmas tienen que ver también con las palmas del testimonio o martirio. No solo con las palmas del triunfo.

Es por eso que dos discípulos más tarde se irán de Jerusalén, para huirse, confundidos y desilusionados, de su decepción.

Y, ¿nosotros capaces somos de hacer sentido de la muerte de Jesús en la cruz? ¿No la tomamos por algo que exige un Padre justiciero que solo se aplaca con la sangre preciosa del Hijo?

Pero la verdad es que Dios es amor. Lo propio de él, por lo tanto, es la misericordia (SV.ES XI:253), no el sadismo.

No, no desea Dios mal alguno para sus amados, ni menos para su Hijo amado. La culpa es de los que rechazan a Jesús. De los que se ponen en contra de que reine la justicia, la verdad, la solidaridad.

Y seguirle a Jesús por el camino de amor, con sencillez, humildad, mansedumbre, mortificación, celo, quiere decir aguantar las persecuciones.

Así que, en la cruz, Jesús nos enseña qué quiere decir amar al igual que Dios, anonadarnos, servir a los demás con amor hasta el extremo. Quiere él que cambiemos y vivamos, y no muramos.

Señor Jesús, haz que vivamos tu Cena. Así seremos fieles testigos de la luz y la verdad; floreceremos cual palmera cuyas palmas no se marchitan.


10 Abril 2022

Domingo de Ramos (C)

Lc 19, 28-40; Is 50, 4-7; Fil 2, 6-11; Lc 22, 14 – 23, 56