Fourteenth Sunday in Ordinary Time, Year C-2019

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Marks of Jesus in Those He Is Sending

Jesus tells us to go on our way. He sends us like lambs among wolves, proclaiming that the kingdom of God is at hand and bearing his marks.

Mission marks the followers of Jesus. He sends the Twelve (Lk 9, 1-6), but also seventy-two others. So, Jesus appoints as missionaries both those who make up his inner circle and those who do not. It is up to him whom to call and send.

One of the marks, then, of Jesus’ followers is availability to go whenever he calls them. For the owner and the lord of the harvest can come out any time looking for workers. There is no room for idleness, considering especially that the harvest is plentiful.

Jesus’ followers are also ready to go to whomever and wherever he sends them. The sending of those closest to Jesus, who stand for the twelve tribes of Israel, may suggest outreach to the Jews. That of the seventy-two others, on the other hand, indicates openness to the Gentiles. For “seventy-two” (“seventy” in some texts) sends us back perhaps to the table of seventy-two (Septuagint) or seventy nations in Gen 10.

Whether they go to the Jews or to the Gentiles, however, disciples are to have marks that show they belong to Jesus. For one thing, Christians should be believable. They need to establish the truth that they proclaim on the testimony of least two witnesses. Is this why the seventy-two go in pairs?

But more importantly, Christians are truly believable only when they show in the way they are and live that Jesus ushers in, to quote Paul VI,

a new kingdom where the poor are happy, where peace is the principle for living together,
where the pure of heart and those who mourn are raised up and comforted, where those
who hunger and thirst after justice have their fill, where sinners can be forgiven,
where all are brothers.

Other marks of Jesus’ missionaries have to do with how they carry out their mission.

Christians need not follow literally what today’s Gospel reading spells out for us. What matters most is that we keep the spirit of the teachings, although we should not knock down those who go by the letter. There is wisdom, after all, in the observation that one who belittles external mortification, because interior mortification is better, gives oneself away. That is, such one shows oneself not mortified at all, either outwardly or inwardly (SV.EN XI:59).

And come to think of it, do not these teachings point to simplicity, humility, meekness, mortification and zeal?

Lord Jesus, Lamb of God, our sharing in your Supper marks us as belonging to you. Make us true to you, to your Supper and to our mission, bringing joy to the sorrowful and hope to the hopeless.


7 July 2019

14th Sunday in O.T. (C)

Is 66, 10-14c; Gal 6, 14-18; Lk 10, 1-22. 17-20


VERSIÓN ESPAÑOLA

Marcas de Jesús en sus enviados

Jesús nos manda ponernos en camino. Nos envía como corderos en medio de lobos, proclamando que ha llegado el reino de Dios y llevando sus marcas.

La misión es una de la marcas de los discípulos. Envía Jesús a los doce (Lc 9, 1-6), pero también a otros setenta y dos. Jesús, entonces, los designa misioneros a sus íntimos y a los que no lo son. A él le toca llamar y enviar.

Forma parte, pues, de las marcas de los seguidores de Jesús la disponibilidad de ir cuando sea. Es que el dueño de la mies sale a toda hora, buscando a obreros. Nadie puede quedar sin trabajar, si se toma en cuenta especialmente que la mies es abundante.

Los seguidores de Jesús están listos también para ir a cualesquiera y adondequiera. La misión de los más cercanos a él, representantes de las doce tribus de Israel, quizás indique acercamiento a los judíos. La de los otros setenta y dos, en cambio, sea tal vez apertura a los gentiles. Pues «setenta y dos» («setenta» en unos textos) posiblemente nos remita a las setenta y dos (en la Septuaginta) o setenta naciones en Gén 10.

Se acerquen ellos, sin embargo, sea a los judíos sea a los gentiles, los seguidores de Jesús han de llevar las marcas que los revelen suyos. Primero, los cristianos deben ser creíbles. Tienen que establecer la veracidad de su proclamación conforme al testimonio de al menos dos personas. ¿Sería por eso que van de dos en dos los otros setenta y dos?

Pero sobre todo los cristianos se acreditan por demostrar en su forma de ser y vivir que inaugura Jesús, por citar a Pablo VI,

el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia,
en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados y consolados, en el que los que tienen
hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que
todos son hermanos.

Otras marcas de los misioneros y misioneras tienen que ver con la manera de cumplir su misión.

Los cristianos no tenemos que seguir literalmente las instrucciones del Evangelio de hoy. Lo importante es guardar el espíritu de las instrucciones, si bien no hay que descartar a cuantos se conforman a la letra. Pues es sabio este comentario: «El que no hace caso de las mortificaciones exteriores, diciendo que las interiores son mucho más perfectas, demuestra muy bien que no es mortificado ni interior ni exteriormente» (SV.ES XI:759).

Y pensándolo bien nosotros, ¿acaso no nos enseñan estas instrucciones la sencillez, la humildad, la mansedumbre, la mortificación y el celo?

Señor Jesús, Cordero de Dios, la participación en tu Cena nos deja con tus marcas. Haz que seamos fieles a ti, a tu Cena y a nuestra misión, siendo alegría para los tristes y esperanza para los desesperanzados.


7 Julio 2019

14º Domingo de T.O. (C)

Is 66, 10-14c; Gál 6, 14-18; Lc 10, 1-22. 17-20