First Sunday of Lent, Year C-2016

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Near to us is the saving Word of God

Jesus is near us so that he may save us who cry out to him and call on his name.

No one is more near to us than Jesus, the Word made flesh and dwelling among us. He is “God-with-us.” He is near us in many ways. He is within our reach in the least of his brothers and sisters, in those who are maltreated and oppressed. He is present, as SC 7 teaches, in the Church and in her liturgical celebrations.

But what is crucial is our availing of his being near to encounter him personally, in such a way that he infects us with his Spirit. And if we are really animated by the Spirit, we will behave like Jesus and live, just like him also, by every word that comes forth from the mouth of God. Additionally, if we know Jesus intimately, because we stay near him, and imitate him by turning to the word of God when tempted, we will not succumb.

The Word of God exposes the lies of the one who comes disguised as an angel of light, with his distortions of Scriptures. This one loves to put up a great display of wealth and power to deceive people, so that they may turn to him and drink deeply of his words. Moreover, the Word of God teaches those in training “not to create for themselves a god tailored to their whims and their immediate temporal needs, a domesticated god.” But we Christians are warned not only of the idols that we easily fabricate for ourselves, but also of abuse of trust that is nothing more than our attempt to control God and force his hand.

We do not altogether let the Word to cleanse us, do we? Do not our private personal prayers reveal perhaps that we really do not believe in the Transcendent God “who is beyond what we think we need, what we, in our daily pettiness, desire?”

Surely, we enthrone the devil in some way by falling short with regard to the teaching: “Whoever wishes to be great among you will be your servant; whoever wishes to be the first among you will be the slave of all.” Do we not succumb to temptation just like that person who told St. Vincent de Paul (SV.FR XI:346) “that to lead well and to maintain authority, it is necessary to let everyone see who is the Superior?” And are we not guilty of loathsome abuse when we affirm Christ’s real presence in the Eucharist, but not in those who are hungry that we disregard?

Word of the Father, please be to Christians the sword of the Spirit.


February 14, 2016

1st Sunday of Lent (C)

Dt 26, 4-10; Rom 10, 8-13; Lk 4, 1-13


VERSIÓN ESPAÑOLA

Cerca está la Palabra salvadora de Dios

Cerca de nosotros está Jesús para salvarnos a los que clamamos a él e invocamos su nombre.

Nadie está más cerca de nosotros que Jesús, la Palabra que se ha hecho carne y ha acampado entre nosotros. Él es «Dios-con-nosotros». De muchas maneras está cerca de nosotros. Está a nuestro alcance en la persona de sus más humildes hermanos y hermanas, de los maltratados y oprimidos. Está presente, como enseña SC 7, en la Iglesia y sus celebraciones litúrgicas.

Pero lo decisivo es aprovechar nosotros su presencia para encontrarnos con él personalmente y de cerca, de modo que él nos contagie su Espíritu. Y si realmente nos anima el Espíritu, nos comportaremos como Jesús y viviremos, al igual que él también, de toda palabra que sale de la boca de Dios. Adicionalmente, si conocemos a Jesús de cerca y lo imitamos, recurriendo a la palabra de Dios en medio de las tentaciones, no caeremos en ellas.

La Palabra de Dios pone al descubierto las mentiras del disfrazado de ángel de luz, con sus distorsiones de las Escrituras. A éste le gusta montar un gran displiegue de riqueza y poder, con motivo de engañar a las gentes para que se vuelvan a él y se beban sus palabras.

La Palabra de Dios les enseña además a los iniciados a «no crearse un dios a la medida de sus caprichos y necesidades temporales inmediatas, un dios domesticado». Pero no solo se nos advierte a los cristianos de los ídolos que fácilmente nos fabricamos, sino también del abuso de confianza que no es nada más que un intento de nuestra parte de controlar a Dios y forzar su mano.

Los cristianos no del todo dejamos a la Palabra limpiarnos, ¿verdad? ¿Acaso no descubren nuestras oraciones personales privadas que no creemos realmente en el Dios Trascendente «que está más allá de lo que creemos necesitar, de lo que deseamos en la mezquindad de cada día»? Seguramente, entronizamos de algún modo al diablo, quedándonos cortos con respecto a la enseñanza: «El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos». ¿No sucumbimos a la tentación, al igual que aquella persona que dijo a san Vicente de Paúl (SV.ES XI:238), «que para dirigir bien y mantener la autoridad, era preciso hacer ver que uno era el superior»?

Y,¿no somos culpables de un abuso abominable cuando afirmamos la presencia real de Cristo en la Eucaristía, pero no en los que pasan hambre desatendidos por nosotros?

Palabra del Padre, favor de ser, para los cristianos, la espada del Espíritu.


14 de febrero de 2016

Domingo 1º de Cuaresma (C)

Dt 26, 4-10; Rom 10, 8-13; Lc 4, 1-13