Eighteenth Sunday in Ordinary Time, Year B-2018

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Signs for Those Who Are Insatiably Hungry

No one feels more for us in our needs than the one who lays down his life for us. Those who, seeing signs, go to him and believe in him will never hunger.

The crowd finally finds the one they are seeking. But he does not seem to be as welcoming as when he fed them. He even dismisses their question. He gives them instead an answer that sounds like a scolding, “You are looking for me not because you saw signs.

Jesus challenges, yes, those who had their fill of bread not to stop at that. Stopping there, they will probably get fed up with it and wander aimlessly again like sheep without a shepherd. So, the Shepherd does not want them working for perishable food, but for food that endures for eternal life. In that way, we get to know, moreover, that his miracles are signs of a deeper reality.

That is to say, the picnic bread points to Jesus. Revealing himself, he says, “I am the bread of life”. And one can associate this revelation to that of the one whose name is “I am who am.” God reveals himself precisely to assure the poor that he hears their cry and knows well their suffering. For his part, the one who is the bread of life does not only feed us. He also answers our deeper needs, the signs of which are our material needs.

Those who are hungry for bread are signs of those who hunger for righteousness.

It is not that material bread is not important. We need it to live. And Jesus clearly teaches by word and deed that we have to feed the hungry. Those who do so will surely inherit the kingdom of God.

Jesus, however, also confirma that we do not live by bread alone, but by every word that comes forth from the mouth of God. And Jesus embodies God’s word. Unless we eat him, we will remain hungry and restless. To feed ourselves with him is what our being Christian truly means. Rightly, then, do we have this reminder (SV.EN I:276):

"We live in Jesus Christ through the death of Jesus Christ, and we must die in Jesus Christ through the life of Jesus Christ, and our life must be hidden in Jesus Christ and filled with Jesus Christ, and in order to die as Jesus Christ, we must live as Jesus Christ."

In other words, we are Christians to the extent that we think, feel, love, work, suffer, live as Jesus (J.A. Pagola). And if we reflect him, we will help the poor in every way (SV.EN XII:77).

Lord Jesus, give your Spirit to us who ask, “What is this?” and renew us and make us understand your signs. In that way, we will know that the only way to satisfy human hunger is for one to give one’s body up and shed one’s blood for the hungry.


5 August 2018

18th Sunday in O.T. (B)

Exodus 16, 2-4. 12-15; Ephesians 4, 17. 20-24; John 6, 24-35


VERSIÓN ESPAÑOLA

Signos para los que tienen hambre insaciable

Nadie tiene mayor sensibilidad a nuestras necesidades que el que da la vida por nosotros. Quienes, viendo signos, acuden a él y creen en él, no pasarán hambre jamás.

Por fin, encuentra la gente al buscado. Pero parece que él no se muestra tan acogedor como cuando alimentó a la multitud. Incluso descarta Jesús la pregunta de la gente y da más bien una contestación que suena a reprensión: «No me buscáis porque habéis visto signos».

Desafía, sí, Jesús a los que comieron pan hasta hartarse a no detenerse en eso. Detenidos ahí, probablemente estarán hartos de ello y volverán a vagar sin sentido cual ovejas sin pastor. El Pastor, pues, no los quiere procurando el alimento que perece, sino el que dura para la vida eterna. Así se da a conocer además que los milagros de Jesús son signos de una realidad más profunda.

Es decir, el pan de la comida campestre señala a Jesús. Revelándose, dice éste: «Yo soy el pan de vida». Y esa revelación se relaciona con la del que se llama «Soy el que soy». Se revela Dios precisamente para asegurar a los pobres que él escucha su clamor y se fija en sus sufrimientos. El que es el pan de vida, por su parte, no solo sacia nuestra hambre física. Responde también él a nuestras profundas necesidades, de las que son signos nuestras necesidades materiales.

Los con hambre de pan son signos de los que tienen hambre de ser justos.

No es que no sea importante el pan material. Lo necesitamos para vivir. Y claramente enseña Jesús, de palabra y de obra, que hay que dar de comer a los hambrientos. Quienes lo hacen herederán seguramente el reino de Dios.

Con todo, confirma también Jesús que no sólo de pan vivimos los hombres, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Y Jesús es la Palabra de Dios encarnada. No sea que lo comamos, quedará insaciable nuestra hambre e inquieto nuestro corazón. Alimentarnos de él es lo que significa de verdad ser cristianos nosotros. Con razón se nos recuerda que (SV.ES I:320):

«Vivimos en Jesucristo por la muerte de Jesucristo, y que hemos de morir en Jesucristo por la vida de Jesucristo, y que nuestra vida tiene que estar oculta en Jesucristo y llena de Jesucristo, y que, para morir como Jesucristo, hay que vivir como Jesucristo».

En otras palabras, somos cristianos en la medida en que pensamos, sentimos, amamos, trabajamos, sufrimos, vivimos como Jesús (J.A. Pagola). Y si reflejamos a Jesús, asistiremos a los pobres de todas las maneras (SV.ES XI:393).

Señor Jesús, danos tu Espíritu a los que preguntamos: «¿Que es esto?», para que nos renovemos y comprendamos tus signos. Así sabremos que el hambre humana solo se sacia entregando uno el cuerpo y derramando la sangre por el hambriento.


5 Agosto 2018

18º Domingo de T.O. (B)

Éxodo 16, 2-4. 12-15; Efesios 4, 17. 20-24; Juan 6, 24-35