Easter Sunday, Year B-2018

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Unexpected and Glorious Outcome

God does not leave Jesus among the dead. Nor does he let the one faithful to him till death know decay. This is wonderful in our eyes, unexpected.

Mary Magdalene goes to Jesus’ tomb and runs into something unexpected. That is because she sees the tomb open. This—says Mark—is what Mary Magdalene, Mary, the mother of James, and Salome least expect to see. Passionate, excited, that they can now anoint Jesus, they wonder who will roll back the stone from the tomb’s entrance.

On noticing the unexpected, Mary Magdalene—to return to John—runs to Peter and the other disciple. She breaks to them the unexpected, “They have taken the Lord from the tomb.”

The disciples, in turn, run toward the tomb. The other disciple arrives first. But he only bends down and sees the burial clothes there. He defers to Peter. He does not go in until after Peter has gone in.

So, Peter goes in and sees the burial clothes also. But he sees, moreover, the cloth for Jesus’ head. It is not with the burial clothes, however. Rather, it is rolled up in a separate place.

Without any doubt, Peter finds it unexpected also that the tomb is empty. But what interests him at the moment is to verify Mary Magdalene’s claim. And he seemingly concludes that Mary Magdalene is off the mark. The tomb is empty, yes, but there is no evidence of anyone taking the corpse away. And that is all for Peter.

But the other disciple does not stop there. He sees as Peter. But he believes besides, and so gets to understand what should not have been unexpected. After all, Scripture foretells it: Christ will not know decay.

So, the unexpected opens the eyes of the other disciple. He is nameless. And rightly so. He is simply the beloved disciple. That is to say, the model of a true believer. He is what we Christians should be.

Lord Jesus, give us the grace to be among those who truly believe. Make us go to Galilee. Grant that we see you there in the poor, “in their thirst, their hunger, their loneliness, and their misfortune.” Like you, may we go about doing good, so that one day we hear you tell each one of us, “Come share your Master’s joy, kingdom, banquet.” In that way the unexpected will become a pleasant surprise for us: “Whatever you did for one of these least brothers of mine, you did for me.” Likewise, when you, our life, appear, we will also appear with you in glory.


1 April 2018

Easter Sunday – The Resurrection of the Lord (B)

Acts 10, 34a. 37-43; Col 3, 1-4; Jn 20, 1-9/Mk 16, 1-7


VERSIÓN ESPAÑOLA

Inesperado y glorioso desenlace

Dios no abandona a Jesús en el sepulcro. No deja al que le ha sido fiel hasta la muerte conocer la corrupción. Es un milagro patente, inesperado.

Va al sepulcro de Jesús María Magdalena y se topa ella con algo inesperado. Es que ve abierto el sepulcro. Eso es, —según el evangelista Marcos—, lo que menos esperan ver María Magdalena, María la de Santiago y Salomé. Con amor apasionado, emocionadas por la oportunidad de embalsamar a Jesús, se preguntan quién les quitará la piedra del sepulcro.

Al notar lo inesperado, María Magdalena, —por volver al evangelista Juan—, corre adonde están Pedro y el otro discípulo. Les comunica lo inesperado: «Se han llevado del sepulcro al Señor».

Y los discípulos, a su vez, corriendo salen camino del sepulcro. El otro discípulo llega primero, pero solo se asoma, logrando así ver las vendas en el suelo. Cede la prioridad a Pedro; no entra hasta después de que haya entrado Pedro.

Entra, pues, Pedro y ve también las vendas en el suelo. Pero ve además el sudario, no por el suelo con las vendas, sino enrolado en un sitio aparte.

Sin lugar a dudas, a Pedro también le resulta inesperado encontrar vacío el sepulcro. Pero lo que le interesa a Pedro en este momento es verificar la declaración de María Magdalena. Y parece concluir él que ella no acierta. Está vacío el sepulcro, sí, pero no hay evidencia de que alguien se haya llevado el cadáver. Y esto es todo para Pedro.

Pero no se detiene allí el otro discípulo. Ve lo que Pedro. Pero cree además y logra entender lo que no le debe resultar inesperado a nadie. Después de todo, lo predice la Escritura: Cristo no conocerá la corrupción.

Así que lo inesperado le abre los ojos al otro discípulo. Con razón no tiene nombre propio. Discípulo predilecto simplemente. Es decir, modelo del verdadero creyente. Los cristianos debemos ser él.

Señor Jesús, concédenos la gracia de contarnos entre los verdaderos creyentes. Haz que vayamos a Galilea. Ojalá te veamos allí en los pobres, «en su sed, en su hambre, en su soledad, en su desventura». Que pasemos como tú haciendo el bien, para que un día te oigamos decirnos a cada uno: «Entra en el gozo de tu Señor, en su reino, en su banquete». Así nos resultará grata sorpresa lo inesperado: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos, más pequeños conmigo lo hicisteis». Asimismo, apareciendo tú, nuestra vida, apareceremos juntamente contigo, en gloria.


1 Abril 2018

Domingo de Pascua de Resurrección (B)

Hech 10, 34a. 37-43; Col 3, 1-4; Jn 20, 1-9/Mc 16, 1-7