Christmas 2015

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Savior and Messiah and Lord of all

The Savior comes with a great light to save us in an unexpected way. Now appears the grace of God.

Though he may dictate to the whole world, Caesar Augustus does not save, nor does governor Quirinius, an opportunist among many, not even king David, who gives renown to Bethlehem and his clan. Only God saves, and he does so in an unusual way, as Midian’s defeat shows.

God saves in an even more astonishing way through Jesus. What is astonishing now is that dominion rests on the shoulder of the child born to us and he is named “Wonder-Counselor, God-Hero, Father-Forever, Prince of Peace.” Yet he is lying in a manger, offering himself as food, in a shelter for shepherds and animals.

Already at his birth, Jesus is in solidarity with the poor, not with monarchs who have in their palaces expensive cradles for their young (if they are like Caligula, their stables would be made of marble, with mangers of ivory). The new-born King cannot be mistaken for worldly rulers who shamelessly attribute to themselves the title “Lord” and call themselves saviors of peoples and messiahs or anointed ones, in effect, since they claim the divine right of kings.

But the son given to us is all that the angel announces: Savior, Messiah, Lord. His name means Savior; he is Savior by serving and handing over his life for all. His messianic anointing commits him to the mission of bringing the Good News to the poor. Hence, he will be devoted to comforting them, providing for their spiritual and temporal needs, assisting them and having them assisted in every way, as St. Vincent de Paul would describe the mission centuries later (SV.FR XII:87).

Yes, Jesus Christ is Lord, with a “Name-above-every-name,” because he empties himself, takes the form of a slave and humbles himself, obediently accepting even death on the cross. This perhaps is what “swaddling clothes” mean, never mind if the words suggest that the child is just like any other child or make a reference to burial cloths or specify that he is David’s legitimate offshoot, since in any case, the same point is made basically.

And unless we acclaim him so, we will end up expecting no one else but a monarch just like any other. We will neither glorify God nor enjoy peace. Nor will our proclamation of his death until he comes make sense.

Lord Jesus, give us your light so that we may recognize you in the poor.

Nativity of the Lord – Mass at Midnight

Is 9, 1-6; Tit 2, 11-14; Lk 2, 1-14


VERSIÓN ESPAÑOLA

Mesías y Salvador y Señor de todos

Viene el Mesías con una luz grande para salvarnos de manera inesperada. Ya aparece la gracia de Dios.

No salva ni César Augusto, aunque dicte al mundo entero, ni Cirino, un gobernador oportunista de tantos, ni siquiera el rey David, quien da renombre a Belén y a su familia. Solo Dios salva, y lo hace de forma desacostumbrada, como lo demuestra la derrota de Madián.

Dios salva de manera aún más asombrosa por medio de Jesús. Lo asombroso ahora es que el niño que se nos ha nacido lleva al hombro el principado y se llama «Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz». Pero está acostado en un pesebre, ofreciéndose como alimento, en un albergue de pastores y animales.

Ya en su nacimiento es solidario Jesús con los pobres, no con los monarcas que tienen en sus palacios cunas lujosas para sus niños (si son como Calígula, sus establos serán de mármol, con pesebres de marfil). El recién nacido Rey no puede confundirse con los jefes que desvergonzados se atribuyen el título de «Señor» y se llaman salvadores de pueblos y mesías o ungidos, efectivamente, porque reclaman el derecho divino de los reyes.

Pero el hijo que se nos ha dado es todo lo que el ángel anuncia: Salvador, Mesías, Señor. Su nombre significa Salvador; salva sirviendo y entregando su vida por todos. Su unción mesiánica entraña la misión de anunciar la Buena Noticia a los pobres. Por eso, se dedicará a cuidarlos, aliviarlos, remediar sus necesidades tanto espirituales como temporales, asisterles y hacer que otros les asistan de todas las maneras, como siglos más tarde describiría san Vicente de Paúl la misión (SV.ES XI:393).

Sí, Jesucristo es Señor, con «Nombre-sobre-todo-nombre», porque se despoja de su rango, toma la condición de esclavo, y se rebaja hasta someterse incluso a la muerte de cruz. Tal vez esto es el significado de «pañales», sin importar si la palabra indica que él es como un niño cualquiera o si se refiere a las vendas de entierro o precisa que él es vástago legítimo de David, pues en todo caso, queda hecha básicamente la misma afirmación.

Y no sea que así lo aclamemos, acabaremos esperando a nadie más que a un monarca de tantos. Ni glorificaremos a Dios ni gozaremos de paz. Tampoco tendrá sentido nuestra proclamación de su muerte hasta que él vuelva.

Señor Jesús, danos tu luz para que te reconozcamos en los pobres.

Natividad de Nuestro Señor – Misa de medianoche

Is 9, 1-6; Tit 2, 11-14; Lc 2, 1-14